Cómo fingir que llevas un año con las mismas botas porque te gustan y no porque seas incapaz de quitártelas

Quitarse unas botas, por muy bonitas que sean, puede convertirse en una tarea imposible. Por mucha fuerza que hagas, por mucha gente que te ayude, tu pie puede quedarse atrapado para siempre en su interior, relegándote a una vida de un solo calzado. En Mujer Woman queremos enseñarte a fingir que llevas un año con ellas porque te gustan y no porque te hayas quedado atrapada.

Lleva siempre un paraguas abierto. No importa el calor que haga, sal siempre con un paraguas abierto, también con un chubasquero. Grita a todos los transeúntes que está lloviendo, que menudo tiempo más loco que hace. Ninguno de ellos sospechará que no eres capaz de quitarte las botas.

Cuando te duches con ellas, aclara que es para protegerte de los hongos. Es probable que después de doce meses duchándote con las botas con las que sales a la calle, tu pareja empiece a sospechar que algo raro te pasa. Simplemente dile que te estás protegiendo de los hongos que deja en el plato de la ducha, y que no pasa nada porque tus botas son muy resistentes al agua.

Di que lo haces por feminismo, para no tener que depilarte. La sororidad no está reñida ni con la moda ni con que se te queden los pies atrapados en el interior de unas botas. Cuando tus amigas te pregunten por qué llevas un año sin cambiarte de calzado, vayas a la nieve o a la playa, ponte firme y diles que lo haces porque estás comprometida con el feminismo y has decidido dejar de depilarte.

Convence a tu pareja de que te metes en la cama con ellas porque son sexys. No importa lo sucias que estén por causa de haberlas llevado durante 365 días seguidos, cada vez que te pongas el pijama y te metas en la cama con tus botas, adopta una postura sexy y haz entender a tu pareja que lo estás haciendo por ella.

Cómprate una bota gigante y métete completamente dentro. A estas alturas, para toda la gente que te conoce, tú ya eres la chica de las botas, especialmente desde aquel día de verano en la piscina de los padres de Rubén. Nuestro mejor consejo es que te compres una bota gigante y te metas dentro. Si llevas tu relación con las botas un poco más al extremo, todos pensarán que simplemente es un calzado que te apasiona y no un calzado que no eres capaz de quitarte.

Colócate sobre una hoguera a ver si se derriten o algo. Si te has cansado de que tu único plan con tus amigas consista en quedar con ellas para que te tiren de la punta de las botas con todas sus fuerzas con la esperanza de liberarte de este infierno, lo que te aconsejamos es que, la próxima vez que veas una hoguera, te pongas sobre ella. Si permaneces el tiempo suficiente, las botas podrían empezar a derretirse antes de dañar tu epidermis. Si no funciona, siempre puedes decir que el fuego está de moda.

Córtate las piernas a la altura de la rodilla. Quizás ha llegado el momento de asumir que una vida postrada en una silla de ruedas es más cómoda que una vida encerrada en esas botas de 39,99 que te compraste en el Primark. Secciónate las piernas por la rótula y libérate de una vez por todas de esa cárcel de piel sintética. Los primeros días lleva tus botas con tus trozos de pierna dentro como complemento, para que la gente no crea que eres una loca que no sabe quitarse unas botas.

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